Me transformé en duende y daba conferencias sin saberlo
durante la guerra
Yo no estaba en el cuerpo ? si yo si estaba
Operando los interruptores natales
yo sentía pasar el pulso del universo
mirando en las guedejas laterales
mi beso disperso
Ocasión beso tu pelo
aunque los difamadores te pinten sin cabello
Franc-masoneria femenina
dime tu qué es el sexo
hermana mía junto a mi, resultados
del seso.
Medicina del alma, celosia
Lia fue de la biblia simpático suceso
Vino después… Adan, si mal no acierto
Lo cierto es el pulso de un magnánimo desconcierto que late en el heno fresco
Nuestro Padre Adan, todos los días me vienen pensamientos
a la ceniza sensible y al ronco titubeo
Fecundar una hembra de robot quiso el padre postrero
y nosotros que venimos después somos lujos cacharreros somos
la prueba viviente del oro del espejo
philosophie fantastique / expresionismo retro / néopauvre, avantgarde chaude / métaphysique de genre (repertoire) désorientalisme, shawarmaness, en perte ouverte ayant rendu evidence de ce que chacun garde pour soi & pour tout dans la perte de caution intellectuelle / mon angoisse : si on le fait pas, malgré qu'on le pense, qu'est-ce que cela veut dire ??? chef-d'oeuvre en décomposition, en perte de texture ou perte icastique, edifice abandonné au regard nomade, utopique
mercredi 10 décembre 2014
mardi 9 décembre 2014
la comuna
Femme-nénuphar
LA COMUNA
Espacio de discusión,
Me dirijo a ustedes, o a vosotros, si preferís, con ganas de cambiar. He estado siempre en el mismo plan, con lo que yo llamo “una primacía del ego”. Ahora hay algo que no funciona, y está empezando a gustarme. El otro lunes tomé yohimbina, no para follar con ella, sino que salí a por pan al mercado antiguo. Me quedé extasiado en la pescadería. Luego tuve la sensación de que la ciudad estaba toda sonriente. En el espacio del mercado me sentía como si hubiese entrado en una cama redonda. Y pensé en vosotros.
Pues yo no lo conocia de nada, pero mi amiga Nicole si
allo, Nicole ? Lo hubiera ignorado como ignoro la obra Desierto, de otro Nobel francés reciente cuya mujer he retratado del natural al oleo, extendida como madame Recamier en mi sofa

Todos necesitamos un elefante
los libros a veces estan vivos o resuenan
y hablamos de ellos como de maquinas que funcionan
CONSTRUCCIÓN
DE LA
COMUNA
En qué extremo del universo la avispa o el mono alfarero se pusieron a parodiar el vientre, cantando onomatopeyas, probablemente, mientras se entregaban a la primera edificación. Estaban en el encantamiento y el rencor de los mal-nacidos, insecto castrado por Natura la una, animal perverso el otro. La búsqueda de un mundo mejor, la edificación de la Jerusalem Celeste, ocupaban a Jane y Manuel con sus exaltaciones artísticas, sus cálculos sociales y su ebriedad apocalíptica.
Acarreando materiales de construcción Manuel tenía en la conciencia los Manolitos como él, pintados mitad femeninos, mitad masculinos en el infierno de lo escrito, por las sátiras españolas de Quevedo, Diego Torres y Cadalso (en Los eruditos a la violeta). Gorrones hasta en la muerte, enterrados de prestado, existencias provisionales y precarias. Su edificación era chabola.
CHABOLA
Lo era por todas las costuras. Si él quisiese hacerla sólido campamento veterotestamentario, Jerusalem, si él quisiese ver la luz y la trascendencia del bosque o de América salvaje en sus cuatro palos, en su suelo de tierra, en la locura de su nidificación, sus pulgas, su lecho de incesantes coitos, el vómito lejano de las fábricas, el paso rasante de los aviones de guerra, la incomprensión de la agricultura, entonces todo desaparecería, salvo los fantasmas.
Comenzó a edificar, entonces, por la intelección de los fantasmas.
El hedor del silencio, mientras un obrero orina sobre el violín, en el suelo, esperando salvarse así. Un vuelo en avioneta para reconocer los parajes. Un vuelo aún a ala batiente, o a nado en el cielo soñado. Palacios egipcios o burgueses en la ruina de unas enormes plantas secas. Todo fundamento es oracular, huellas o insignias del azar, que nos proyectan como cisnes en la inconmensurabilidad de nuestras distintas lagunas. Construir en el agua o el aire, construcción arraigada en el espectro.
Y hay que referirse ineluctablemente al grupo. A la tribu o la manada, a la horda de guerreros y amazonas. Estamos ocupando una parcela del mundo, hemos desposeído quizás a los genios del lugar, a la llorona muerte que todo lo quería ocupar, a la seca verdad apenas vestida de serpiente, apenas viva en su sedienta desesperación. Hemos venido a abolir las seguridades, los límites del pacífico idiotismo, y rencoroso. Vamos a entregarnos a la descripción de la ascensión del Manolito. Primeramente el abandono de la primera novia, asociada a lugares como la Universidad, que será ulteriormente tratada, como el Jardín Botánico. Ese jardín donde las esculturas tienen más movimiento que los propios novios antes, y después, de un tímido coito.
Segundamente la novia alcohólica, asociada a primeros titubeos profesionales en los que Manolito convoca a toda la cúpula cultural para finalmente ausentarse. Había habido un malentendido con las horas. Instado por su novia abandonó su propia inauguración para discutir interminablemente, en un bar que nunca volverá, después de cruzar media ciudad buscando a un amigo de ella.
Terceramente el momento presente en que Manolito escribe la presente (quinta novia, ya que me salto la tercera y la cuarta).
Cuartamente, dando un salto anacrónico, Manolito es lo que pudo ser su padre, sin haber llegado a serlo, un poeta. Y aquí ocurre el lugar y la topología fundadora. Habida cuenta de que la habitación del poeta es el cosmos o cielo, todo cabe dentro. La vemos iluminada por un halógeno débil o por tulipas insuficientes en muros quemados. El cosmos que ha ya ardido en las pasiones de la pretérita cristiandad. Es un hotel particular, una nave decimonónica, acomodada con esporádicos vestigios de electricidad doméstica. El Manolito que no tiene dónde caerse al envejecer, el personaje odiado por los escritores, el barbilindo, es en el estadio futuro, pero durante los años setenta de su padre, en tanto poeta, el personaje más inactivo y apático de la comuna. Puesto que el lugar en nuestro programa es el de la comuna. Él redacta un manifiesto donde muchachos y muchachas se disfrazan y entorno se monta el desmadre. Se escucha música, se fuma de todo, se hacen todos los experimentos, y el ya escéptico Manolito recorta perfiles en cartulina y los pega con frases sobre papel de seda o sobre las espaldas de las muchachas de pelo rizado. Sólo le falta asumir la mancha de Sócrates y escandalizar desde una castidad cómplice de todo lo juvenil.
En las antípodas del refreno y del doblez del profesor profesional, que es capón. Manolito es simplemente inocente, y el desenfreno lo salpica sin que él haga diferencia entre follar o escribir, entre permitir y ser visto como corruptor de las costumbres. Esa era la consumación esperada por la cúpula sin cópula, por los andrócratas y las ginecócratas.
Nacimiento de Dioniso
La dieta consiste en tomates, queso y fruta. Louise aconseja por carta a la más lúcida de la tribu. Compensar el exceso de yin en el yang con resquicios de requesón. Celebrar la pasta en su pesto con efusiones de cocacola.
La patata en el turquesa del último insomnio como aliada de la cebolla. Hacerla blanca por adición de leche. Hablar a la lengua y su memoria por la cosquilla del cilantro.
Con doble brío preparan arroz con coco. El titoté, que podríamos llamar el león verde o hiperión de esta gesta, exige la primera agua, la segunda es para cocer. Sobre todo no mezclar la carne del coco con el plato, el plato no debe ser mixto sino una especie florida y prístina de esos cereales.
cada remolino
es el imposible
del águila molecular
El budismo zen y la santería nos aglutinaban en torno a dietas aún más metafísicas. La inquietante abundancia de nuez moscada, las salsas sin ligar, un tanto crudas. Una repetición de la trucha y del salazón de maruca con avellanas. Cosas que hay que comer con cosas. Esto acompañado de esto otro. Camembert y Burdeos. Rioja y ensalada.
Las cosas últimas
Las dudas se suceden en mi mente calenturienta. Difuso pensador, no proceso el fértil instinto. Cuando Rufina y Maria José se desnudan, ante el recién llegado Ariel, yo esbozo un aplauso histérico y me abismo en mi parálisis. Digo que estoy muy apalancado, que empiecen sin mí. Y miro la manera en que ellas echan mano al pantalón de Ariel, lo retiran con crepitaciones de masacre de atunes, lo pliegan como las sábanas alargadas de un serpentino matrimonio y toman la banana rosada entre los labios. Muy sonriente, como en un anuncio de queso Ariel empuja sus dos cabezas hacia su cuerpo emperifollado de lobo.
El espacio de moqueta azul azafata y cojines que parecen camisa de mujik. El espacio que ellas llenan de sus piernas abiertas y su falta de naturalidad, tan lógica. El espacio que la luz del sol llena de esas piras de aire incandescente que emergen de los maternales sillones. El espacio que incluye la negrura de las cabezas, de las bandejas donde el líquido azabache humea en las tazas. El ébano líquido y una jarrita para la líquida nube.
Las dudas toman la forma de ojiva gótica, la mística impaciencia, el gótico es suicida y despectivo. Con el mantra digestivo de un amén. La vida me ha traído a una orgía y colmado mis peticiones disparatadas. Ahora corresponde hacer las cuatro o cinco tonterías que mi fantasía dibujaba en la noche solitaria. Poner una mano en la grupa de Rufina y la otra en el pubis de Maria José. Comprobarlo sedoso y cálido. Comprobar de alguna manera, en ausencia de pelo, sedosa y cálida toda su piel. Mojada ya por la blanca baba de Ariel su grupa sosa y excitada. Dragontina su respiración contenida cuando Ariel la toma, y ella me topa con la frente, esperando que yo tome su rostro y busto, quizás, o tan sólo que sea testigo de su rubor y su respiración dragontina.
Otra mujer espera semidesnuda, tomando una tila. Es delgada y su actividad teórica se descarga sobre una ojival paloma de papel, en nombre de la paz. Sus dedos la posan aquí y allá sobre la mesa de cristal ahumado. Sus pies parecen desligarse de todo calzado, dejando los zapatos colgados del pulgar. Mezcla de sirena y gacela azul. O bien una mujer migratoria, sostenida por la espiga de una de sus antenas. El lujo de cerámica que tienen las tejas blancas desde la terraza. Los libros de cartón que parecen de un rubio gigante. La paloma de papel es la creación en cuanto prototipo blanco de la luz del cielo. Su geometría espejeante, su plegarse, es el estarse tranquilo de la mente del seno materno que todo lo acoge. Cuando Sandrina llega, verificado el concierto, la flaca la recibe y ambas, la gorda y la flaca, parecen dos especies de cobra y culebra, o dos ramas gangéticas, en simétrico y doloroso pasatiempo.
Sólo porque hemos llegado a ellas ocurren las cosas.
LA COMUNA
Espacio de discusión,
Me dirijo a ustedes, o a vosotros, si preferís, con ganas de cambiar. He estado siempre en el mismo plan, con lo que yo llamo “una primacía del ego”. Ahora hay algo que no funciona, y está empezando a gustarme. El otro lunes tomé yohimbina, no para follar con ella, sino que salí a por pan al mercado antiguo. Me quedé extasiado en la pescadería. Luego tuve la sensación de que la ciudad estaba toda sonriente. En el espacio del mercado me sentía como si hubiese entrado en una cama redonda. Y pensé en vosotros.
Pues yo no lo conocia de nada, pero mi amiga Nicole si
allo, Nicole ? Lo hubiera ignorado como ignoro la obra Desierto, de otro Nobel francés reciente cuya mujer he retratado del natural al oleo, extendida como madame Recamier en mi sofa

Todos necesitamos un elefante
los libros a veces estan vivos o resuenan
y hablamos de ellos como de maquinas que funcionan
CONSTRUCCIÓN
DE LA
COMUNA
En qué extremo del universo la avispa o el mono alfarero se pusieron a parodiar el vientre, cantando onomatopeyas, probablemente, mientras se entregaban a la primera edificación. Estaban en el encantamiento y el rencor de los mal-nacidos, insecto castrado por Natura la una, animal perverso el otro. La búsqueda de un mundo mejor, la edificación de la Jerusalem Celeste, ocupaban a Jane y Manuel con sus exaltaciones artísticas, sus cálculos sociales y su ebriedad apocalíptica.
Acarreando materiales de construcción Manuel tenía en la conciencia los Manolitos como él, pintados mitad femeninos, mitad masculinos en el infierno de lo escrito, por las sátiras españolas de Quevedo, Diego Torres y Cadalso (en Los eruditos a la violeta). Gorrones hasta en la muerte, enterrados de prestado, existencias provisionales y precarias. Su edificación era chabola.
CHABOLA
Lo era por todas las costuras. Si él quisiese hacerla sólido campamento veterotestamentario, Jerusalem, si él quisiese ver la luz y la trascendencia del bosque o de América salvaje en sus cuatro palos, en su suelo de tierra, en la locura de su nidificación, sus pulgas, su lecho de incesantes coitos, el vómito lejano de las fábricas, el paso rasante de los aviones de guerra, la incomprensión de la agricultura, entonces todo desaparecería, salvo los fantasmas.
Comenzó a edificar, entonces, por la intelección de los fantasmas.
El hedor del silencio, mientras un obrero orina sobre el violín, en el suelo, esperando salvarse así. Un vuelo en avioneta para reconocer los parajes. Un vuelo aún a ala batiente, o a nado en el cielo soñado. Palacios egipcios o burgueses en la ruina de unas enormes plantas secas. Todo fundamento es oracular, huellas o insignias del azar, que nos proyectan como cisnes en la inconmensurabilidad de nuestras distintas lagunas. Construir en el agua o el aire, construcción arraigada en el espectro.
Y hay que referirse ineluctablemente al grupo. A la tribu o la manada, a la horda de guerreros y amazonas. Estamos ocupando una parcela del mundo, hemos desposeído quizás a los genios del lugar, a la llorona muerte que todo lo quería ocupar, a la seca verdad apenas vestida de serpiente, apenas viva en su sedienta desesperación. Hemos venido a abolir las seguridades, los límites del pacífico idiotismo, y rencoroso. Vamos a entregarnos a la descripción de la ascensión del Manolito. Primeramente el abandono de la primera novia, asociada a lugares como la Universidad, que será ulteriormente tratada, como el Jardín Botánico. Ese jardín donde las esculturas tienen más movimiento que los propios novios antes, y después, de un tímido coito.
Segundamente la novia alcohólica, asociada a primeros titubeos profesionales en los que Manolito convoca a toda la cúpula cultural para finalmente ausentarse. Había habido un malentendido con las horas. Instado por su novia abandonó su propia inauguración para discutir interminablemente, en un bar que nunca volverá, después de cruzar media ciudad buscando a un amigo de ella.
Terceramente el momento presente en que Manolito escribe la presente (quinta novia, ya que me salto la tercera y la cuarta).
Cuartamente, dando un salto anacrónico, Manolito es lo que pudo ser su padre, sin haber llegado a serlo, un poeta. Y aquí ocurre el lugar y la topología fundadora. Habida cuenta de que la habitación del poeta es el cosmos o cielo, todo cabe dentro. La vemos iluminada por un halógeno débil o por tulipas insuficientes en muros quemados. El cosmos que ha ya ardido en las pasiones de la pretérita cristiandad. Es un hotel particular, una nave decimonónica, acomodada con esporádicos vestigios de electricidad doméstica. El Manolito que no tiene dónde caerse al envejecer, el personaje odiado por los escritores, el barbilindo, es en el estadio futuro, pero durante los años setenta de su padre, en tanto poeta, el personaje más inactivo y apático de la comuna. Puesto que el lugar en nuestro programa es el de la comuna. Él redacta un manifiesto donde muchachos y muchachas se disfrazan y entorno se monta el desmadre. Se escucha música, se fuma de todo, se hacen todos los experimentos, y el ya escéptico Manolito recorta perfiles en cartulina y los pega con frases sobre papel de seda o sobre las espaldas de las muchachas de pelo rizado. Sólo le falta asumir la mancha de Sócrates y escandalizar desde una castidad cómplice de todo lo juvenil.
En las antípodas del refreno y del doblez del profesor profesional, que es capón. Manolito es simplemente inocente, y el desenfreno lo salpica sin que él haga diferencia entre follar o escribir, entre permitir y ser visto como corruptor de las costumbres. Esa era la consumación esperada por la cúpula sin cópula, por los andrócratas y las ginecócratas.
Nacimiento de Dioniso
La dieta consiste en tomates, queso y fruta. Louise aconseja por carta a la más lúcida de la tribu. Compensar el exceso de yin en el yang con resquicios de requesón. Celebrar la pasta en su pesto con efusiones de cocacola.
La patata en el turquesa del último insomnio como aliada de la cebolla. Hacerla blanca por adición de leche. Hablar a la lengua y su memoria por la cosquilla del cilantro.
Con doble brío preparan arroz con coco. El titoté, que podríamos llamar el león verde o hiperión de esta gesta, exige la primera agua, la segunda es para cocer. Sobre todo no mezclar la carne del coco con el plato, el plato no debe ser mixto sino una especie florida y prístina de esos cereales.
cada remolino
es el imposible
del águila molecular
El budismo zen y la santería nos aglutinaban en torno a dietas aún más metafísicas. La inquietante abundancia de nuez moscada, las salsas sin ligar, un tanto crudas. Una repetición de la trucha y del salazón de maruca con avellanas. Cosas que hay que comer con cosas. Esto acompañado de esto otro. Camembert y Burdeos. Rioja y ensalada.
Las cosas últimas
Las dudas se suceden en mi mente calenturienta. Difuso pensador, no proceso el fértil instinto. Cuando Rufina y Maria José se desnudan, ante el recién llegado Ariel, yo esbozo un aplauso histérico y me abismo en mi parálisis. Digo que estoy muy apalancado, que empiecen sin mí. Y miro la manera en que ellas echan mano al pantalón de Ariel, lo retiran con crepitaciones de masacre de atunes, lo pliegan como las sábanas alargadas de un serpentino matrimonio y toman la banana rosada entre los labios. Muy sonriente, como en un anuncio de queso Ariel empuja sus dos cabezas hacia su cuerpo emperifollado de lobo.
El espacio de moqueta azul azafata y cojines que parecen camisa de mujik. El espacio que ellas llenan de sus piernas abiertas y su falta de naturalidad, tan lógica. El espacio que la luz del sol llena de esas piras de aire incandescente que emergen de los maternales sillones. El espacio que incluye la negrura de las cabezas, de las bandejas donde el líquido azabache humea en las tazas. El ébano líquido y una jarrita para la líquida nube.
Las dudas toman la forma de ojiva gótica, la mística impaciencia, el gótico es suicida y despectivo. Con el mantra digestivo de un amén. La vida me ha traído a una orgía y colmado mis peticiones disparatadas. Ahora corresponde hacer las cuatro o cinco tonterías que mi fantasía dibujaba en la noche solitaria. Poner una mano en la grupa de Rufina y la otra en el pubis de Maria José. Comprobarlo sedoso y cálido. Comprobar de alguna manera, en ausencia de pelo, sedosa y cálida toda su piel. Mojada ya por la blanca baba de Ariel su grupa sosa y excitada. Dragontina su respiración contenida cuando Ariel la toma, y ella me topa con la frente, esperando que yo tome su rostro y busto, quizás, o tan sólo que sea testigo de su rubor y su respiración dragontina.
Otra mujer espera semidesnuda, tomando una tila. Es delgada y su actividad teórica se descarga sobre una ojival paloma de papel, en nombre de la paz. Sus dedos la posan aquí y allá sobre la mesa de cristal ahumado. Sus pies parecen desligarse de todo calzado, dejando los zapatos colgados del pulgar. Mezcla de sirena y gacela azul. O bien una mujer migratoria, sostenida por la espiga de una de sus antenas. El lujo de cerámica que tienen las tejas blancas desde la terraza. Los libros de cartón que parecen de un rubio gigante. La paloma de papel es la creación en cuanto prototipo blanco de la luz del cielo. Su geometría espejeante, su plegarse, es el estarse tranquilo de la mente del seno materno que todo lo acoge. Cuando Sandrina llega, verificado el concierto, la flaca la recibe y ambas, la gorda y la flaca, parecen dos especies de cobra y culebra, o dos ramas gangéticas, en simétrico y doloroso pasatiempo.
Sólo porque hemos llegado a ellas ocurren las cosas.
jeudi 4 décembre 2014
ritournelle
Que doit on dire des maris des harpies, des mères castratrices, si l’on s’interroge non pas seulement quant à la nature des femmes entourant les génocides ou autres criminels ? Maintenant qu’elle est un peu moins impliquée dans la vie intellectuelle je me pose la question pourquoi elle avait protégé mon art, Claude Maillard, tout en restant d’un scepticisme colossal quant à ma santé mentale. Si l’on est un misérable, à quoi sert d’avoir été artiste ? Claude Maillard parlait parfois, en séance, de la prostitution, puisque dans les séances la libre association était plutôt la sienne. Elle disait que les souteneurs étaient souvent des pauvres types, et les clients encore, dénommés pigeon, et autres termes imagés.
Les autres, pour Claude Maillard et pour moi en haut de sa consultation rue de Seine, les autres étaient ce qu’on aurait dû être elle et moi, mais elles et eux ils étaient restés à la dérive, conquérir l’accord de n’importe lequel des gens de l’extérieur était au bout de trois heures de suite aussi incertain que de lancer une coquille de noix dans une rivière, avec notre fourmi chevalier dedans. Parce que les séances étaient très longues je crois que je suis un des rares analysants à demander un café ou à dessiner pendant la séance. Aussi à me lever du divan de temps en temps pour dégourdir les jambes. Avec une autre psychanalyste, plus ouverte (comme elle est ouverte une céramique sur laquelle on peut garder ses secrets), j’allais jusqu’à me coucher sur le ventre au divan.
C’est une bêtise de découvrir la poudre ? Alors ce serait bête de vouloir écrire après Gilgamesh et après le Bhaghavad-Gita. On n’est pas sortis du cunéiforme. C’était la conversation type avec Claude Maillard. Au bout je pense que j’avait pas parlé de quoi que ce soit de personnel en analyse. Mais le transfert restait actif, agisant sur mon psychisme et sur mes insights.
ritournelle
Que doit on dire des maris des harpies, des mères castratrices, si l’on s’interroge non pas seulement quant à la nature des femmes entourant les génocides ou autres criminels ? Maintenant qu’elle est un peu moins impliquée dans la vie intellectuelle je me pose la question pourquoi elle avait protégé mon art, Bissecta, tout en restant d’un scepticisme colossal quant à ma santé mentale. Si l’on est un misérable, à quoi sert d’avoir été artiste ? Bissecta parlait parfois, en séance, de la prostitution, puisque dans les séances la libre association était plutôt la sienne. Elle disait que les souteneurs étaient souvent des pauvres types, et les clients encore, dénommés pigeon, et autres termes imagés.
Les autres, pour Bissecta et pour moi en haut du hippisme de luxe de Montpellier et de la planète, les autres étaient ce qu’on aurait dû être elle et moi, mais elles et eux ils étaient restés à la dérive, conquérir l’accord de n’importe lequel des gens de l’extérieur était au bout de trois heures de suite de conversation insomniaque aussi incertain que de lancer une coquille de noix dans une rivière, avec notre fourmi chevalier dedans. Parce que les séances étaient très longues je crois que je suis un des rares speakers à demander un café ou à dessiner pendant la séance. Aussi à me lever du divan de temps en temps pour dégourdir les jambes. Avec une autre amie artiste, plus ouverte (comme elle est ouverte une céramique sur laquelle on peut garder ses secrets), j’allais jusqu’à me coucher sur le ventre au divan.
Et parler de loin et bouquiner ou écouter de la musique, ce que devait sonner un peu trash chez elle. En fait avec les deux Bissecta et l’écrivaine groupie-veuve, il y a eu donc la libido, les ondes de promesses de ma part, et le jeu de le croire de la leur, ce qui leur permet de me réprimander.
Que doit on dire des maris des harpies, des mères castratrices, si l’on s’interroge non pas seulement quant à la nature des femmes entourant les génocides ou autres criminels ? Maintenant qu’elle est un peu moins impliquée dans la vie artistique je me pose la question pourquoi elle avait protégé mon art, Bissecta, tout en restant d’un scepticisme colossal quant à ma santé mentale. Si l’on est un misérable, à quoi sert d’avoir été artiste ? Bissecta parlait parfois, en séance skype, de la prostitution, puisque dans les séances la libre association était plutôt la sienne. Elle disait que les souteneurs étaient souvent des pauvres types, et les clients encore, dénommés pigeon, et autres termes imagés.
Les autres, pour Bissecta et pour moi en haut de sa vie dépressive consacrée élégamment à la poésie en train de réciter en s.l.a.m, les autres étaient ce qu’on aurait dû être elle et moi, mais elles et eux ils étaient restés à la dérive, conquérir l’accord de n’importe lequel des gens de l’extérieur était au bout de trois heures de suite aussi incertain que de lancer une coquille de noix dans une rivière, avec notre fourmi hobbit dedans. Parce que les séances skype étaient très longues je crois que je suis un des rares speakers à demander un coït (un vrai, non pas se masturber, ça va de soi) ou à dessiner pendant la séance skype. Aussi à me lever du divan de temps en temps pour dégourdir les jambes. Avec une autre poète musicienne, plus ouverte (comme elle est ouverte une céramique sur laquelle on peut garder ses secrets), j’allais jusqu’à me coucher sur le ventre au divan, loin de la webcam pendant de dizaines de minutes.
C’est une bêtise de découvrir la poudre ? Alors ce serait bête de vouloir écrire après Gilgamesh et après le Bhaghavad-Gita. On n’est pas sortis du cunéiforme. C’était la conversation type avec Bissecta. Au bout je pense que j’avais pas parlé de quoi que ce soit de personnel en train de s.l.a.m.m.e.r ou simplement d’enregistrer. Mais l’amitié de création restait active, agissant sur mon psychisme et sur mes insights.
fin du ritournelle
A quoi sert l’irruption de l’avant-garde dans ma vie ? Elle m’a allumé dès que mon père me parlait des Cahiers du Cinéma, sous dictature, en 1973 ou même si loin que 1972, où mes souvenirs de presque bébé ne portent traces qui puissent les identifier. Elle m’a allumé dès que j’ai fait de la gravure à trois ans à l’atelier de la Fundacion Rodriguez Acosta, même à des heures qui, du moins pour moi, et pour la TV à deux chaînes, faisaient partie des heures nocturnes. Il m’a allumé pour une belle artiste et graveur étrangère, une japonaise dont j’ai fini par comprendre que la mention de ma part, malgré qu’à l’époque j’avais trois ans, la troublerait fort. Elle a souffert une blessure très grave à la main, dans un moment ou la presse qui l’a blessée a été arrêtée par mon papa. J’aimais les odeurs enivrantes qui se joignaient à la thérébenthine, au musc des filles, au patchouli de certains dessinateurs ou abstraites, au bitume qui compose la couche sur la planche prête pour être gravée au poinçon, à la laque pour ampoule avec laquelle je protégeais les zones qui devaient rester blanches ou encre claire dans la résine et qui était une laque à base d’alcool. De l’herbe aussi, je pense que c’était majoritaire, et j’ai le souvenir d’un artiste responsable expliquant les pour et les contre de mon admission avec lui, mon père, dans l’atelier. Je pense que ce qu’à été décisif est que personne n’était frileux et que moi j’étais un enthousiaste et un séducteur, qui méritait sortir gagnant dans sa triste enfance.
Mon père a fait des dessins très spontanément intégrés à des motifs abstraits, et c’était pas de l’affichisme, mais de la gravure sérieuse et conséquente avec l’Histoire en tant que Modernité et, pour la vente sur la technique, la Tradition. Il avait un énorme espoir en son avenir. Pour moi il avait toutes les cartes pour un coup de poker, sauf que moi j’allais tricher. J’essaie d’imaginer le nom de la peintre japonaise et je pense : Tokyo Fumi, mais son image reste l’image du nom qu’elle m’a si clairement prononcé quand mon père m’avait dans ses bras.
Le monde universitaire arrive trop tard à la rescousse de chaque genre de marginal.
Je n’ai plus besoin certain de me dédommager de la cruauté de la muse, l’alchimie marche aussi avec d’autres muses moins cruelles. Même si la muse viendrait se venger, comme il en arrive dans mes pensées d’obsession ou parfois à travers l’harcèlement sur moi et mon profil. Il y a de quoi débander, mais l’alchimie redresse même la tour de Babel. Agissant dans tournoi, dans tournage, dans tordu, dans rétorsion, dans retour, dans Jacques Tourneur.
A quoi bon de fumer le tabac seul, sans shit, sans herbe, sans héroïne le jour où je crève, sans cannelle, une fois sans cocaïne où les rêves qui m’ont réveillé le matin j’ai jamais su les raconter mais c’était la vie d’artiste, d’antiquaire, de connaisseur et j’avais vingt sept ans ?
Le fait de publier on line ce que va devenir un livre imprimé porte deux conséquences et un corollaire.
1) Joséphine est bien capable d’acheter tous les archives constituant mon roman, à cinq euros c’est bien pour ceux qui veulent partager l’imaginaire, mais pour celui qui s’accroche ça se multiplie
2) c’est une politique connue d’infusion dans le public, ou plutôt de création de public, au risque de pratiquer la gratuité ou presque, même si par la suite un livre en ressort de là
corollaire
Il faut que les proches dont traitent les romans aient beaucoup de bonne humeur pour qu’ils veuillent se rapprocher
Il faut que vous sachiez mes pratiques maniaques pour l’écriture, comme pour la peinture d’ailleurs, même si moins maniaques parce que « coulantes ».
J’allume la tulipe, la lampe plus lumineuse et plus Art Nouveau, Modern Style, que j’ai peint une fois, peut-être ma seule nature morte parce que cette lampe est un idole. Frontalité de la source de lumière, comme dans l’hypnose de la torture ou des effets secondaires de certains médocs. Pendant un certain temps je retenais des semaines entières les poubelles parce que leur position me semblait une sculpture. Je pense que la prochaine fois que j’aie la tentation de garder pour contemplation les poubelles pleines, je vais trancher la question en prenant une photo ou tournant une vidéo. Et après un peu d’exercice et d’air frais. Je pourrais pour faire plus de progrès me maquiller tout le visage d’une couleur monochrome, ou me peindre une moustache. Et hop, je jetterai la poubelle enfin.
C’est juste qu’après quand je serais chez Berthe, qui veut dormir dans une atmosphère propre et pas glacé j’ouvrirai d’abord la fenêtre puis en ayant reçu le coup du froid je fumerai sans ouvrir.
Je suis à Paris cycliquement chez Berthe. Quand j’étais à l’atelier, dans ma quête permanente de modèles, et j’avoue que je cherche d’abord les modèles en tant que femmes, j’ai montré quelques unes de mes créations à une écrivaine. Les détails feraient mal. Je n’ai rien à redire d’elle, mais voici sa réponse unique : Je suis insensible aux vidéos en lumière tamisée dans la chambre d'un inconnu avec sa voix off qui se veut artiste et qui nous impose son intimité insipide.
***
mercredi 3 décembre 2014
actualisation de mon journal intime publié avant que je l'écrive au moment même
A quoi sert l’irruption de l’avant-garde dans ma vie ? Elle m’a allumé dès que mon père me parlait des Cahiers du Cinéma, sous dictature, en 1973 ou même si loin que 1972, où mes souvenirs de presque bébé ne portent traces qui puissent les identifier. Elle m’a allumé dès que j’ai fait de la gravure à trois ans à l’atelier de la Fundacion Rodriguez Acosta, même à des heures qui, du moins pour moi, et pour la TV à deux chaînes, faisaient partie des heures nocturnes. Il m’a allumé pour une belle artiste et graveur étrangère, une japonaise dont j’ai fini par comprendre que la mention de ma part, malgré qu’à l’époque j’avais trois ans, la troublerait fort. Elle a souffert une blessure très grave à la main, dans un moment ou la presse qui l’a blessée a été arrêtée par mon papa. J’aimais les odeurs enivrantes qui se joignaient à la thérébenthine, au musc des filles, au patchouli de certains dessinateurs ou abstraites, au bitume qui compose la couche sur la planche prête pour être gravée au poinçon, à la laque pour ampoule avec laquelle je protégeais les zones qui devaient rester blanches ou encre claire dans la résine et qui était une laque à base d’alcool. De l’herbe aussi, je pense que c’était majoritaire, et j’ai le souvenir d’un artiste responsable expliquant les pour et les contre de mon admission avec lui, mon père, dans l’atelier. Je pense que ce qu’à été décisif est que personne n’était frileux et que moi j’étais un enthousiaste et un séducteur, qui méritait sortir gagnant dans sa triste enfance.
Mon père a fait des dessins très spontanément intégrés à des motifs abstraits, et c’était pas de l’affichisme, mais de la gravure sérieuse et conséquente avec l’Histoire en tant que Modernité et, pour la vente sur la technique, la Tradition. Il avait un énorme espoir en son avenir. Pour moi il avait toutes les cartes pour un coup de poker, sauf que moi j’allais tricher. J’essaie d’imaginer le nom de la peintre japonaise et je pense : Tokyo Fumi, mais son image reste l’image du nom qu’elle m’a si clairement prononcé quand mon père m’avait dans ses bras.
Le monde universitaire arrive trop tard à la rescousse de chaque genre de marginal.
Je n’ai plus besoin certain de me dédommager de la cruauté de la muse, l’alchimie marche aussi avec d’autres muses moins cruelles. Même si la muse viendrait se venger, comme il en arrive dans mes pensées d’obsession ou parfois à travers l’harcèlement sur moi et mon profil. Il y a de quoi débander, mais l’alchimie redresse même la tour de Babel. Agissant dans tournoi, dans tournage, dans tordu, dans rétorsion, dans retour, dans Jacques Tourneur.
A quoi bon de fumer le tabac seul, sans shit, sans herbe, sans héroïne le jour où je crève, sans cannelle, une fois sans cocaïne où les rêves qui m’ont réveillé le matin j’ai jamais su les raconter mais c’était la vie d’artiste, d’antiquaire, de connaisseur et j’avais vingt sept ans ?
Le fait de publier on line ce que va devenir un livre imprimé porte deux conséquences et un corollaire.
1) Joséphine est bien capable d’acheter tous les archives constituant mon roman, à cinq euros c’est bien pour ceux qui veulent partager l’imaginaire, mais pour celui qui s’accroche ça se multiplie
2) c’est une politique connue d’infusion dans le public, ou plutôt de création de public, au risque de pratiquer la gratuité ou presque, même si par la suite un livre en ressort de là
corollaire
Il faut que les proches dont traitent les romans aient beaucoup de bonne humeur pour qu’ils veuillent se rapprocher
Il faut que vous sachiez mes pratiques maniaques pour l’écriture, comme pour la peinture d’ailleurs, même si moins maniaques parce que « coulantes ».
J’allume la tulipe, la lampe plus lumineuse et plus Art Nouveau, Modern Style, que j’ai peint une fois, peut-être ma seule nature morte parce que cette lampe est un idole. Frontalité de la source de lumière, comme dans l’hypnose de la torture ou des effets secondaires de certains médocs. Pendant un certain temps je retenais des semaines entières les poubelles parce que leur position me semblait une sculpture. Je pense que la prochaine fois que j’aie la tentation de garder pour contemplation les poubelles pleines, je vais trancher la question en prenant une photo ou tournant une vidéo. Et après un peu d’exercice et d’air frais. Je pourrais pour faire plus de progrès me maquiller tout le visage d’une couleur monochrome, ou me peindre une moustache. Et hop, je jetterai la poubelle enfin.
C’est juste qu’après quand je serais chez Berthe, qui veut dormir dans une atmosphère propre et pas glacé j’ouvrirai d’abord la fenêtre puis en ayant reçu le coup du froid je fumerai sans ouvrir.
lundi 1 décembre 2014
Inscription à :
Articles (Atom)